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miércoles, 15 de septiembre de 2010

TÁNTALO

Duelo de amor a espada y lirio abierto.

Me abraso con el frio de tu espalda,

atalaya de nieve que me niega

la cifra de tu gloria y de mi herida.

Cruel juego, cercas de nieve el fuego,

y al instante alimentas, beso a beso,

mi infierno. No desembrides la furia

de la sangre si es batalla perdida.

No me prendas, amor, si no has de amarme,

que ya ardo y muero en el incendio, presa

del sortilegio que en tu labio bebo.

Mientras tú, desdeñoso a mi condena,

te creces y atesoras, avariento,

toda la luz que derribada debo.

lunes, 30 de agosto de 2010

LA SOMBRA

Madre, detén tu pavorosa huida.

Esa reseca sombra que te sigue

pegada al mástl desvencijado de tus huesos;

esa mujer vencida, tatuada de borrones

y agujeros, a quien hostil espías

en las sombras de la afilada noche,

soy yo, madre, la niña de las trenzas

a la que tú vestías de comunión

aquella azul mañana de seda prodigiosa.



Luz de mi infancia antigua, soleada sonrisa

donde cabía toda la primavera, nido

virante donde el verbo cuajó y tomó carne:

pan, agua, amor, mamá. ¡Mírame, madre!,

soy tu niña. No me huyas ni me odies

por seguir tu camino y acumulaar

gusanos en el pelo en vez de mariposas.

Deténte, sentémonos a hablar como hace años,

en la ladera de esta atroz pendiente

por la que avanzas ciega, en desigual carrera

con la muerte en la que yo te sigo

dócilmente. Démonos una tregua

en el tiempo sin prisa que nos queda.



Déjame reposar en tu regazo,

altar mayor de la ternura huésped,

con tierno olor a hornada de pan blanco.

Torre carnal donde brotó

la fuente de la vida a la que me remonto,

dame refugio, aunque sea un instante,

en la ventana abierta de tus brazos

por los que vislumbré la luz primera.



Lo ves, madre, no han pasado los años.

Estamos tú yo solas en la sala,

tu coses y yo intento resolver un problema

(¿recuerdas qué torpe era

para las matemáticas?) A punto de caer,

la tarde está colgando de una rama,

y de súbito siento tu mirada.

Rescoldo enrojecido, pulpa del mismo fuego,

el sol brilla al oeste de tus ojos

en la más dulce puesta de sol que nunca he visto,

y me convoca a un futuro de mieles

que no alcanzo, de secreto y lejano.

Me miras y casi no me ves, me estás soñando.

¡¿Qué sueñas, madre, que te hace sonreír?



No me odies por no estar a la altura

de tu sueño. La vida, deberías saberlo,

no es el cuento de hadas que inventaste

para mí y que las dos acabamos creyendo.

Es la fiebre amarilla en la cometa

que no puede remontar el vuelo. Un naufragio

de estrellas, que el mar apaga y torna simples piedras.

Sólo soy piedra, madre, despojo del naufragio

vomitado a la playa, astro apagado y yerto.

Quiéreme como soy,

no añadas tu desdén a mis escombros.

Déjame andar contigo de la mano

el resto de camino que nos queda.

Rasga los hilos de tu infiel memoria

y reconóceme en mi amargura.

Mírame como aquella mañana de pájaros

y seda, de un Dios casi veraz en la armonia

de nuestro amor. Aventa las cenizas

y reaviva el rescoldo; aún tienes en las manos

el don de renacerme. Madre mía,

conjurémonos contra la muerte atroz.
 
(De "El don desapacible" cap. "Oficio de cenizas")

domingo, 22 de agosto de 2010

SIMPLEMENTE UN CUENTO

Me estoy quedando a solas con la muerte,

que recorre la casa mientras finjo que duermo.

A veces me contempla dulcemente,

como una madre al borde de mi cama,

y para no arrojarme de bruces en sus brazos

invento que alguien me necesita urgentemente.

Unas veces soy pan para el hambriento;

otras, sonrisa y algodón

para limpiar el pus de las heridas,

o simplemente un cuento

para dormir a un niño de la calle.

Y después soy un sueño, el vino y la guitarra,

para espantar el miedo del parado;

soy los ojos, la luz para los ciegos,

la esperanza para el desesperado,

una estrella en la noche más oscura

o nieve pura en medio del desierto.

Así engaño a la muerte y sigo viva.

(Del libro "Terrenal y marina")

miércoles, 11 de agosto de 2010

UN DÍA CUALQUIERA

El mar, la mar, me llama a la oficina

con sus cantos azules de sirena,

y su voz desordena el calendario

abreviando sueños y primaveras.

Por el azul nublado del invierno

se desatan abriles impacientes.

Los cerebros de las máquinas sabias

se tornan fantasiosos, y alocados

escriben poemillas de amor a Margarita.

Despiertan los teléfonos soñando

ser orquestas de métal. Obedientes,

a la señal del mar saltan los cables,

y las luces se apagan acentuando el caos.

El despacho se encoge, se arrugan las paredes,

y vuelan los informes del ministro

por la ventana abierta,

alegres como pájaros de la isla del pan,

mientras el pobre jefe de negociado grita.



Un día cualquiera, en medio del trabajo,

la voz del mar suena su caracola

y tiemblan los cimientos,

los cristales de todo el edificio,

y se me desordena la memoria.

Me olvido de los pagos

a Hacienda, el gas, la luz...

y quiero ser papel para escaparme.

(De "Terrenal y marina")

viernes, 30 de julio de 2010

ENVEJECER A SOLAS

Por favor, no me dejes envejecer a solas

con el amargo fruto del árbol de tu ausencia

como única comida, llenando los pucheros,

el salón y la alcoba de vinagres y lágrimas.

Si tus ojos dejaran de mirarme,

no sólo perdería la sonrisa

en un vaivén de flores en el agua,

también el remolino tragaría

mis ojos diluidos, mis facciones

y hasta mi identidad hecha pedazos.



Por favor, no me dejes. Envejecer a solas

me da miedo. Sin tu luz, la implacable ceguera

de la noche, donde emboscada espera

la muerte indiferente, me acabará engullendo.

No me dejes, sol mío, cuando llegue el invierno

y la escarcha y las sombras aniden en mi mente.

No permitas, amor, que los fantasmas

llenen la casa y las alfombras. Temo

irme quedando fría con sus besos,

temblorosa y confusa hasta olvidar tu nombre.

¡Ay, amor!, olvidaba que te fuiste hace tiempo,

y que estoy sola y vieja, con la muerte

enroscada a mis pies como un perro.
 
 
(De "Terrenal y marina")

martes, 20 de julio de 2010

MORITURI

A Pier Paolo Pasolini, muerto a palos

y enlodado por los hijos de la noche.





Esperad, antes de que me golpeéis

quiero advertiros, hijos de la noche,

implacables ángeles de las sombras,

que sé llorar en todos los idiomas.

En francés he gemido, con éxito notable,

en el Barrio Latino y en el andén del metro,

en tiempos de Ben Bella, de De Gaulle y Bumediam.

Al pie del Vaticano y en las playas de Ostia

he llorado -en italiano, claro- a un cristo

sucio de sangre y barro, de voz insobornable.

Y en Wall Street, en Bowaris y en Harlem,

acosada por millares de espectros,

hombres sacrificados al dios Dólar,

mis lamentos han sido en un yanqui perfecto.

Asombraos, también sé gemir en griego antiguo.

Lo he probado en el Ágora ateniense,

mientras el tren pasaba desdeñoso

y se tambaleaban los cimientos

del templo de Teseo.

Y también he llorado en el Pireo,

junto a un sarnoso can apaleado.

Pero lloro mejor en castellano,

en esta hermosa lengua, que es mi idioma,

rizo el rizo del grito y el lamento,

y no es por presumir de virtuosa

que me ha costado sangre el aprenderlo.

Antes de golpearme, ahora que estáis a tiempo,

decidme, azules criaturas de la muerte,

¿qué idioma preferís para el recreo?


(Del libro "El don desapacible")

viernes, 9 de julio de 2010

EL DIABLO

A menudo te hablo de mi hastío,

te vomito tu vino miserable,

tus mentiras, y me quejo de tus cobardías.

Déjame, en cambio, ahora decirte que te amo,

porque he visto al diablo y tengo miedo.



¡Oh, Dios, qué bello y dulce es el diablo!

En sus ojos, hermosos como lagos del Norte,

me he visto reflejada, cual un rayo de luna,

y he recuperado la inocencia

de radiante muchacha, abierta al viento

su blanca risa y su vestido blanco.



Sus manos me han mostrado la belleza de mi piel.

¡Ay, sus manos de ascuas y jacintos!,

que han dejado un incendio de avispas en mis venas

y una flor de libertad herida en mi costado.

En su risa indomable de campana,

donde relampaguea la luz del universo,

ha quedado atrapada mi alegría.



Mas sé que era el diablo, que quería

tentarme con sus oros de ángel libre

y arrancarte de mí, puñal experto

que tapona la sangre de mi herida,

borrarte como un número de tiza.

A ti, mi dueño de sedienta boca,

implacable señor de mis tinieblas,

mi dios pequeño pero cruel como Dios mismo.


(De "El don desapacible", cap.I, "Del amor y sus frutos amargos")

martes, 29 de junio de 2010

Amor es la palabra (II)

Te recuerdo como eras en aquel otoño.

Vegetal desgajado por el rayo,

humedecida tu corteza morena.

Yo aprendía, a la vez, la geografía del varón

y a lavar tus camisas.

La espuma se quedaba detenida en mis manos,

mientras mis ojos estrenaban atónitos tu imagen

borrando toda huella ajena a ti.

Y recuerdo el deseo, escupiéndonos

como un volcán su lava.

La fiebre de tus manos, tomando posesión

de aquella torpe isla sorprendida

-de la feria me queda el cuerpo calcinado-

Y recuerdo el bocado de tus ojos,

antes de agonizar en cada asalto.

Y me recuerdo, recién nacida entre tus brazos,

con un sabor a algas maceradas en llanto

-sabor a virgen rota decía yo riendo-.

La tarde olía a sangre y almidón

y yo iba en el metro, por primera vez sola,

desgajada de ti.

Aquel día me vestí una tristeza nueva.

Y recuerdo los árboles, llorando sobre mí

el confeti amarillo de sus ojos.

Y al hombre cojo del acordeón

cantando a los cadáveres del campo de batalla.

Y te recuerdo a ti, y aún me estremezco,

saliendo de la guerra -la dulce guerra nuestra-

moreno y despeinado como el trigo.

Así te guardo, amor,

mío ya para siempre, aunque no quieras.


(Del libro "Crónicas de una tristeza")

viernes, 18 de junio de 2010

ÁNGELES DESCUIDADOS

Pobres, pálidos ángeles de los cementerios,

que veláis incansables bajo el frío

los sueños terroríficos de los niños muertos,

que debistéis guardar cuando eran vivos.

Dulcisimos espíritus de mármol

de mirada cegada y alas rotas,

mutilados, mellada la sonrisa

por la lluvia y el viento, en los labios mordidos,

caídos como pétalos. Sólo memoria sois

de traicionados rezos infantiles,

cuando cándidamente os invocaban.

¡Ah, la pura materia de los niños!,

en la que atesoramos lo mejor de nosotros,

y donde Él nos asesta la más cruel herida:

la de verlos crecer bajo la hierba.

Inalcanzable imagen del tierno adolescente

que, abrasado de sueños y alentado

por hálito divino, osó volar muy alto,

ahora sólo escombro derribado.

A vuestros pies están, ya putrefactos

como la propia lepra que os destruye,

los que sus madres os encomendaron

al nacer. ¡Ay, ángeles descuidados!
 
 
(De "Terrenal y marina").

miércoles, 9 de junio de 2010

DROGA DURA

Nunca estuve enganchada a la droga del odio.

Cuando pisoteaba las flores de mi huerto

y rompía la mesa que le esperaba puesta,

no recurría yo, por liberarme

de la atroz impotencia, a la droga del odio.

Solamente lloraba.

No le odié por abrasar con ácido

la seda de mis muslos y dejarlos marchitos.

Ni siquiera cuando tenía hambre

y él me daba los frutos de su vino,

amargos y morados,

corría yo a inyectarme el odio en vena.

Odio las drogas duras.

Por raro que parezca, no le odiaba

por cercenar mi risa de muchacha

y grabar a cuchillo el miedo entre mis ojos.

Y cuando al póker se jugó mi suerte,

a cambio del cangrejo dorado que una mujer

llevaba en el ombligo, no era odio

lo que me goteaba amargo por los labios:

era mi corazón hecho pedazos.

Le maté por azar, en un impulso

ciego y desnudo de cólera,

una necesidad de liberarme

y respirar al fin, que me nació de súbito

mientras él me asfixiaba con sus manos.

Pero nunca le odie, sólo le amaba.

(Del libro "Terrenal y marina")

miércoles, 2 de junio de 2010

La araña

No me vengas, muchacho, a estas alturas

del espanto ciempiés, a remendarme

los grises agujeros con amores

platónicos, y cantar con palabras de azúcar

mis ojos de basalto, la pulpa de mis labios

ni el lujo de m piel -de orquídea paralítica-,

que no estoy para cantos celestiales.

Sé que soy como soy: fruto de otoño

y de esta cruel tierra de alacranes,

amarga cual la almendra de corazón helado.



Chiquillo, no seas necio:

mis ojos, que ya han visto tantas cosas,

sólo son bolas de barro que ruedan

delante de los pies por el asfalto,

negras de hollín y grasa de los coches;

mis labios ya no son de pulpa fresca,

sino secos y ácidos, y en mi piel,

fuego y satén en noches pródigas en victorias,

la escarcha de la muerte va extendiendo

su sombra codiciosa. Se prudente

antes de echar tus redes en mi noche,

pavorosa alimaña de afilados colmillos,

que podría seguirte la corriente

y liarme contigo la manta a la cabeza.



No pretendas descubrirme Venecia,

criatura. Yo he danzado desnuda

en la Plaza de San Marcos, borracha

de amor y de champán con Casanova.

De vigilia en París y estricto ayuno,

me doctoré en la ciencia de la vida

discutiendo en los cafés

con todos los malditos que tú adoras.

Y al grito de libertad me hice mujer, a golpes

siguiendo la costumbre de mi casta,

pero sobreviví a la "paz de Franco".

Fui promesa, escritora, bohemia,

periodista, vanguardia y revolucionaria.

Fíjate si soy vieja.



Por eso, ahora que todavía estás a tiempo;

vete sin volver la cabeza. Huye,

no me tientes con tu juego a deshora,

que te advierto que soy de fruto amargo

y corazón helado por un fatal granizo.

No te fíes del engañoso brillo

de la cáscara, ni del relámpago

de húmedo hollín en mis ojos de barro.

Sálvate de mis trucos de mujer sola y triste,

no caigas en la trampa sutil que el miedo borda,

trémula y refulgente pedrería,

como teje la araña su tela prodigiosa

para atrapar la mosca y devorarla.

(Del libro "El don desapacible")

viernes, 21 de mayo de 2010

Autorretrato

Me llamo Soledad y estoy soltera,

quiero decir

que voy sola al abogado, al médico

y consumo mi vida

de ventanilla en ventanilla,

en esa lenta droga llamada burocracia.

Tengo dos hijos

a los que educo para hombres,

en la medida que una mujer

puede hacer hombres.

Tengo ventiséis años

y, a veces, enfermo de ternura.

Estoy tan sola,

que alguna vez, me paro ante el espejo

y me sonrío.

Otras veces, para no enloquecer,

me coloco las pestañas postizas,

los lunares,

me encajo la sonrisa

y ensayo

el pequeño suicidio del diálogo.

Todas las madrugadas

recibo la visita de un extraño

-siempre el mismo-

al que caliento la cama hace ocho años.

Solo por esto me mantiene.

(De "Crónicas de una tristeza")

La trampa

Como una pobre rata va el hombre hacia su queso.

Están reunidos todos los amigos,

regocijados

al verlo tan hermoso y anhelante.

Le murmuran obscenidades al oído

y acarician su nuca.

Sonríe él agradecido y les ríe los chistes.

La fiesta vale el salario de un año

y, satisfecho, el novio les ve beber champán,

prepararle las sábanas y cantar parabienes.

Nadie le dice el precio del vestid de novia.

aunque todos lo saben,

ninguno va a decirle que la esposa

debajo de los tules,

esconde una boca inmensa que acabará engulléndolo.

No le dicen que sus sueños, su ambición,

su esperanza,

van a ser arrancadas

para adornar el adorado ombligo.

Y sus huesos, si se salvan,

serán paseado con cadenas.

Animada por músicas, velos y temblores,

entra la novia, ave perseguida.

Va dejando a su paso las espumas del velo,

las plumas de su cola de paloma alcanzada.

Camina al paraíso corregido,

hacia la fortaleza conquistada,

poniendo bridas

al miedo de encontrarse en el bosque de vello

donde el deseo amordazado del varón la espera.

Va la virgen a poseer un dios dulce y viril,

a la isla fortificada de sus brazos,

a la feria de los besos y el misterio,

a salvarse del miedo,

a la entrega.

Pero, ¿por qué nadie le dice ahora

que la crisálida sale hecha cenizas del abrazo,

que su dios es un hombre destrozado

y recompuesto,

que el misterio es un caos de amargura y vergüenza.

Que mañana habrá de defenderse

del odio de su dios encadenado

y su propia impotencia.

Y que el tierno almidón de las sábanas

va a convertirse

en un violento e incandescente charco mineral?

Hermosos, jóvenes, los dos enamorados

son conducidos por el órgano, el incienso,

el pueblo entero, hasta la trampa.

(De "Crónicas de una tristeza")

LA PATRIA DEL TIEMPO

Hubo un tiempo donde todo fue bello.

Un tiempo sin violines

ni noches de satén bajo la luna,

¿quién los necesitaba? El tiempo aquel

tampoco tuvo tardes incendiadas

por el radiante sol del mes de mayo:

todo era lluvia y frío en la ancha ciudad,

cegada por el brillo de los astros celestes

de tu cuerpo y el mío,

y sólo la inocencia fue mi dote,

pero todas las noches fueron fiesta

y el nardo del amor las perfumaba.



A las seis,

con el cepo del sueño mordiéndonos los ojos,

había que dejar, a toda prisa,

la chambre de L`Avenir -¡qué porvenir tan corto!-

que el bueno de Fernando nos permitía usar,

arriesgando su empleo de portero de noche.

Antes de irnos -que se lo premie Dios-,

nos servía dos cafés muy cargados

con mermelada amarga de naranja

y mucha mantequilla contra el frío.



A partir de ese instante,

París con sus tesoros era nuestro.

¡Que raro privilegio, siendo los dos tan pobres,

poseer la belleza de aquel reino nocturno!

Lloraban las farolas su muerte cotidiana

y se desmelenaban los bucles amarillos,

antes de suicidarse en las aguas del Sena

cuando la luz enferma saliera para todos.

De improviso, delante de la gente

que andaba presurosa hacia el trabajo,

la lluvia sin pudor me desnudaba

y lamía mis pechos de novicia.



¡ Ah, tiempo de la revelación de la existencia,

donde estaba aún presente la esperanza!

Cuando era un gozo el ver amanecer,

la salvaje caricia de la lluvia,

dormir en cama ajena,

encontrar los trabajos más absurdos.

Y París una hermosa burbuja tuya y mía,

el verdadero hogar:

la libertad.

Ya no tengo otra patria que aquel tiempo,

ni más deseo que la sed de volver

al agua milagrosa que contenía la vida.

Sólo un momento, ya gastado, pido

para volver al mundo que cabía

en la corta distancia

que había entre tus ojos y los míos,

donde todo era justo, hermoso, deseable.



Quién pudiera soñar toda una noche,

antes, ay, de que el último buitre me devore,

que regreso a la patria adolescente,

a ser la que fui un día, alegre y pobre,

en aquel paraíso improvisado.

Bastaría un instante, ¡la dicha fue tan breve!

(De "Cuaderno del delirio")